Expte. 0001/2026 · Ref.: Ambystoma mexicanum · Apéndice II
En peligro crítico en el canal, superpoblado en la pecera, y con papeles en los dos
Desde 1975 el ajolote figura en el Apéndice II de CITES, la convención que regula el comercio internacional de especies amenazadas. Desde 2006 la UICN lo clasifica como en peligro crítico. Hasta acá, todo bien: hay un animal en problemas y un sistema que se ocupa.
Ahora mirá dónde están los ajolotes.
| En Xochimilco | En una pecera | |
|---|---|---|
| Cantidad | Pocos y cada vez menos. Los censos pasaron de miles por km² en los noventa a unas decenas | Cientos de miles, quizá millones, en laboratorios y casas de todo el mundo |
| Amenaza real | Aguas contaminadas, urbanización, carpas y tilapias que se comen los huevos | Que el dueño se olvide de cambiar el agua |
| Contacto con el comercio internacional | Prácticamente ninguno | Todo |
| Papeles que necesita para cruzar una frontera | Los mismos | Los mismos |
CITES no distingue mucho entre el ajolote que nació en un canal y el que nació en la décima generación de un acuario en Alemania. Un ejemplar criado en cautiverio del Apéndice II necesita igual un permiso de exportación o un certificado de cría en cautiverio. La Unión Europea, por si acaso, lo puso en su Anexo B, así que además pide permiso de importación.
Una población de laboratorio con 160 años de antigüedad
Casi todos los ajolotes de laboratorio del mundo descienden de unos 34 animales que llegaron a París en 1864. Siglo y medio de cría cerrada. En los años sesenta, además, se cruzaron con salamandras tigre, y hoy los ajolotes de laboratorio llevan ADN de otra especie en el genoma.
Es decir: el ajolote de pecera no viene de Xochimilco desde hace 160 años, no va a volver a Xochimilco, y genéticamente ni siquiera es del todo un ajolote de Xochimilco. Pero viaja con el mismo trámite que se diseñó para proteger a los de Xochimilco.
Si el ajolote salvaje pudiera opinar, probablemente pediría agua limpia antes que un sello más en el pasaporte de su primo lejano.
Qué protege el papel
El argumento del sistema es razonable: si no se controla el comercio, alguien podría sacar ejemplares silvestres y venderlos como criados en cautiverio. El problema es que, con el ajolote, ese incentivo prácticamente no existe. Un ajolote criado cuesta poco, es dócil, viene en colores que en la naturaleza no se ven (todos los leucísticos rosados del mundo descienden de un único macho blanco capturado en 1863) y no hay mercado para ejemplares salvajes oscuros, flacos y difíciles.
Mientras tanto, lo que sí mata ajolotes salvajes, la contaminación de los canales y los peces introducidos, no se resuelve con permisos de exportación. Se resuelve con plantas de tratamiento, chinampas y gente trabajando en el lugar. Y eso sí que no lleva sello.
La cuenta que nadie hace
Cada hora de un criador llenando un permiso, cada hora de un funcionario revisándolo, cada envío de un laboratorio de regeneración que espera semanas en una aduana, es tiempo y plata que no llega al canal. El trámite protege al trámite.
No se trata de dejar de cuidar a los que quedan en libertad. Se trata de controlar donde hay algo que controlar: en México, el único lugar del mundo del que puede salir un ajolote salvaje. Fuera de México, y sobre todo con un albino, cuyo color ni siquiera es de ajolote, la pregunta es muy simple: ¿este formulario salva algún ajolote? No. Entonces el formulario es el que debería estar en peligro de extinción (ver la propuesta).
Archívese
Fuentes: Apéndices de CITES (cites.org); Lista Roja de la UICN, Ambystoma mexicanum; Reglamento (CE) 338/97, Anexo B; Woodcock et al. (2017), Identification of mutant genes and introgressed tiger salamander DNA in the laboratory axolotl, Scientific Reports.